Buen día, Viernes, Julio 01
Vidas & Voces 2016-12-06 | Comentarios:

La 100cia de la vida

La 100cia de la vida

Por: José Morales

(Colaboración Especial)

 

"La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla".

Gabriel García Márquez

 

1914 será recordado históricamente como el año en el que la locura colectiva se apoderó del mundo. Las revoluciones sociales, los constantes enfrentamientos gubernamentales, los sistemáticos reclamos de los sindicatos que exigían mayores derechos políticos y mejores condiciones laborales, impulsaron tanto a Rusia como al imperio Austro Húngaro, Alemania, Gran Bretaña y Francia, a la ruptura de sus sistemas internos y externos de gobernabilidad. Todo ello enmarcó la desenfrenada campaña de conquista armada conocida como la Primera Guerra Mundial. Hace dos años se cumplió el primer centenario de aquel desafortunado acontecimiento que servirá en esta ocasión para referenciar un hecho más afable. En aquel año, donde centenares perdieron la vida en las trincheras, nació un diez y seis de octubre, en la vereda La Manga, Valle de San Juan (Tolima - Colombia), Abdonias Bran Escobar, hijo de María de la Cruz Escobar y criado por don Clímaco Bran, su padrastro. Lo singular de la situación no es el paralelo entre lo trágico de la muerte y lo sublime de la vida, sino el hecho mismo de que este tolimense, de alma quindiana, aún vive. Recio campesino que después de haber recorrido diferentes lugares de la geografía nacional, terminó viviendo y trabajando en la vereda La Cristalina, municipio de Circasia - Quindío. 

La aventura comienza, pues cada historia de su vida lo es, cuando es llamado por tercera vez para prestar el servicio militar en 1932.   En aquella época (1932), el mundo sufría las consecuencias de la Gran Depresión Económica y Colombia se debatía entre la crisis fiscal y la guerra librada contra Perú por Leticia Muchos ya habían muerto en esa querella con el país vecino y Abdonias, junto a  Eduardo Saavedra, Mario Ríos y Aníbal Vallada, compañeros del pueblo, decidió cruzar la Cordillera Central y huir hacia el municipio de Calarcá (Quindío). Una vez allí, comenta Abdonias, cada uno tomó su rumbo. Él, por su parte, se dirigió a Pereira en donde vivió por un tiempo y luego se mudó a Alcalá. Finalmente llegó a Circasia a jornalear en la finca Santa Teresa, ubicada en La Cristalina y con el tiempo compraría su propio predio, El Porvenir, en esa misma vereda.

Desde aquel entonces han pasado un poco más de setenta años de fresca brisa, hermosos paisajes e incontables vivencias. Con extraordinaria lucidez rememora la incondicional ayuda que le brindó, en Santa Teresa, su patrón don Benigno Correa y su esposa doña Adela de Correa. Tanto así, evoca Abdonias, que aparte de asistirlo en todo lo necesario para la convivencia, los Correa contribuyeron en la conquista de su única y amada esposa, Isabel Buitrago, pues ellos mismos le sugirieron a ella casarse con él e incluso hablaron con el cura para llevar a cabo la boda. La historia de amor entre el pujante labriego y la joven Isabel, que trabajaba como empleada del servicio en Santa Teresa, se consolidaría tiempo después con el nacimiento de sus hijos. Cinco mujeres y cuatro varones, de los que aún viven ocho, uno de los ellos falleció al igual que su esposa. Entre nietos y bisnietos ya suma treinta y cinco parientes, fuera de los que desconoce.    

Un ligero dolor en las rodillas, que en ocasiones le impide caminar, sumado a la leve falta de visión, son los únicos inconvenientes de salud con los que a su edad tiene que lidiar. Afirma comer y dormir bien. “Eso sí, con las lentejas y los frisoles paso, pues me caen un poco pesados, de resto casi todo”, asevera sentado en el viejo sillón del corredor frontal de su casa, desde donde contempla a diario el transitar de sus vecinos y amigos.  Asegura que el secreto de la longevidad está en el vivir tranquilo y en paz con el prójimo, además del trabajo constante y el regulado descanso en los momentos justos.

Testigo de una Segunda Guerra Mundial, de la introducción de la televisión al país y la llegada del hombre a la luna, del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, de Luis Carlos Galán y del Bogotazo; de la caída del muro de Berlín y la muerte de Pablo Escobar, del desplome de las Torres Gemelas y la guerra en Irak, de la entrega del Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez y de su muerte hace ya casi un año, entre otros considerables acontecimientos que marcaron a varias generaciones. Al escuchar al viejo y respetable Abdonias la trama de la existencia adquiere un insondable sentido. Cuando las relata, muchas de sus vivencias, que tienen ese ligero aire anecdótico, regresan impetuosas de los áridos terrenos del olvido. Reclaman su papel en el presente y piden como memorables evocaciones que son, ser reconocidas como la esencia misma de la vida.  Qué más queda cuando se cumple un centenar de años… Recordar, suspirar y sonreír... Todo valió la pena.

 

                                                                                                                                                  

 


Comentarios relacionados:

Escribe un comentario acerca de esto:

©2022 buenagenteperiodico.com | todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net