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Colombia Posible 2023-02-06 | Comentarios:

La verdad del Informe Final: una posibilidad de paz para el Eje Cafetero

 La verdad del Informe Final: una posibilidad de paz para el Eje Cafetero

Por: Luisa Otero

El siguiente texto reúne algunos apartados de la conversación que tuvimos con Óscar Fernando Martínez, excoordinador de la territorial Eje Cafetero de la Comisión de la Verdad, en BuenaGente Radio en septiembre de 2023. A más de 6 meses de la entrega del Informe Final consideramos importante tanto conocerlo en todas sus dimensiones como apropiarnos del capítulo territorial del Eje Cafetero. Solo este compromiso con la verdad podrá llevarnos a la compresión del conflicto armado y a la no repetición.

BGP: Háblenos de la misión de la Comisión de la Verdad y su papel dentro de ella. 

Óscar Fernando Martínez: La misionalidad y el objetivo de la Comisión de la Verdad era poder hacer una escucha plural de lo que han sido las dinámicas del conflicto armado en el país. La Comisión se distribuye por macroterritoriales y empieza a profundizar a través de una escucha abierta a múltiples actores, víctimas, excombatientes, empresarios, políticos. Se empieza a reconstruir ciertos episodios, ciertas dinámicas del conflicto armado, y en ese marco lo que la Comisión hace es proponer una interpretación de las dinámicas del conflicto, qué fue lo que pasó y qué pasó en los territorios. 

Fungí en todo este tiempo como Coordinador Territorial, dirigí el equipo territorial del Eje Cafetero. Lo que hacíamos era primero caracterizar esas dinámicas propias del Eje en el marco del conflicto armado que tienen que ver con diferentes formas de violencia, diferentes actores armados y una multiplicidad de dinámicas. Una pregunta central para la Comisión era qué nos pasó y por qué nos pasó. Adicional a ello, y como parte de ese mismo proceso de reconocimiento, también visibilizamos las dinámicas de resistencias, de afrontamientos, de resiliencia de las comunidades en construcción de paz.

Si bien nosotros tuvimos una guerra muy anclada, unos proyectos nacionales de muy diferentes naturalezas, también tuvimos unos matices territoriales muy particulares y creo que esa era nuestra misión también acá en el Eje Cafetero, cómo ahondar esos matices particulares.

 

 

BGP: ¿Qué es lo más gratificante de haber trabajado en la Territorial del Eje Cafetero de la Comisión de la Verdad?

OFM: Lo primero fue el desarrollar una escucha plural, el poder avanzar en escuchar muchos actores, muchas víctimas, muchas comunidades que nunca habían sido escuchadas en el marco de la guerra. A veces se piensa que la guerra en Colombia es algo leído ya, y lo que encontramos es todo lo contrario, en Quindío particularmente encontramos que todavía había muchas ausencias de voces. Creo que lo más gratificante para mí en términos personales fue poder darle voz a muchas personas que nunca habían hablado.

El otro gran logro que establecimos fue poder intentar presentar a la región algunas hipótesis de lo que ha pasado en el conflicto. Es una región en la cual el conflicto ha estado presente durante muchos años y era un desafío presentar eso y encontrar algunas hipótesis que nos ayudaran a entender el por qué había tanta invisibilización del conflicto.

Además, el “Baúl de la Esperanza” que fue un proceso también del Eje Cafetero, en el cual se expresan a la luz pública todos los procesos de diálogo que entablamos como territorial.

BGP: Cuéntenos algunos hallazgos relevantes del capítulo territorial.

OFM: Son muchos hallazgos, finalmente es una región en donde no se había ahondado en términos de la dinámica del conflicto.  Una región en la que no había caracterizaciones, no había un diagnóstico completo y digamos que eso era un reto.

Encontramos primero unos indicadores de victimización muy altos, contrario a lo que se viene pensando que la región tenía una presencia y una dinámica de actores armados pequeña o no tan amplia. Encontramos en el Eje Cafetero más de 13 grupos insurgentes, más de 12 grupos paramilitares, estoy hablando de solamente un periodo de tiempo del 85 en adelante. Además, encontramos unas formas de expresión de violencia, grupos criminales y políticos del 85 hacia atrás de diferentes formas, en todas las regiones. Encontramos también un fuerte despliegue de la fuerza pública tanto Policía como VIII Brigada, como diferentes instancias.

Hay repertorios de la guerra particulares que se presentaron acá y esa idea de que somos un remanso de paz no es una idea cierta, no corresponde a lo que realmente pasó en la región. El segundo hallazgo son todos los entramados sociales y políticos que se construyeron alrededor de la guerra; en esencia aquí encontrábamos alianzas particulares entre actores sociales y políticos que se beneficiaron de la guerra. Diferentes proyectos que en una sociedad deberían tramitarse alrededor del diálogo de las comunidades realmente acá fueron, y siguen siendo, proyectos de imposición, proyectos violentos porque se utilizaron unos actores armados para poder desplegar esas dinámicas de desarrollo.

Y una tercera característica que podemos mencionar allí es la relación con el narcotráfico. Lo que denominamos el paramilitarismo de primera generación es un fenómeno ligado a actores narcotraficantes, pero eso siguió las subsiguientes generaciones. Igual la cooptación del Estado por los narcotraficantes que beneficiaban grupos armados, insurgentes o paramilitares y bueno, digamos que hay toda una relación de fuerzas y conexividad directa entre el narcotráfico y la civilidad en la región.

 

Autor y fuente de fotos: Archivo personal de Óscar Fernando Martínez.

 

BGP: Contamos con el Baúl de la Esperanza, ¿por qué es importante apropiarnos de este legado?

OFM:  Se entablaron muchos diálogos en el Eje Cafetero y lo que empezamos a hacer fue articularlos y recogerlos en un sitio que fue un portal que se acepta crear, que nos permiten crear desde el orden nacional, que se llamó el Baúl de la Esperanza (elbauldelaesperanza.co), ahí albergamos todos esos diálogos, todas esas interpelaciones. Son un poco las interpretaciones que nosotros como región le damos a lo que pasó en el conflicto.

El otro gran punto que esta en el Baúl de la Esperanza son las formas de no repetición, como no caer en círculos de violencia y circuitos de violencia como los que hemos vivido. Son muy potentes porque tenemos desde canciones hasta poemas, artículos, videos, cartillas, cómics, que hacen las personas, los jóvenes y muchas poblaciones de acá del Eje Cafetero que presentan propuestas de no repetición. El Baúl es una herramienta pedagógica muy potente porque por un lado están todos los elementos de lo que hicimos, los diálogos, lo que podemos hablar como esclarecimiento y hallazgos, pero por otro lado están todos esos elementos analíticos, reflexivos de cómo no volver a repetir las dinámicas del conflicto.

 

 

BGP: ¿Cuáles desafíos nos quedan después de la entrega del Informe Final y del cierre del mandato de la Comisión?

OFM: Lo primero es conocer lo que se dice. Explorar herramientas como el Baúl de la Esperanza, explorar con calma el texto territorial del Eje Cafetero, creo que son elementos básicos para empezar a abrir este diálogo. Uno a veces ve cómo la gente toma con ligereza algunos comentarios del Informe Final yo creo que hay que leerlo todo. Es importante que como región nos demos la posibilidad de explorar en detalle lo que se dice, lo que se interpreta allí, es importante profundizar la lectura juiciosa de todo lo que es el informe, tanto a nivel nacional con los 11 capítulos como a nivel territorial con el Baúl de la Esperanza.

Lo segundo es que todo esto nos arroja muchas vetas analíticas, muchas vetas interpretativas, muchos diálogos de no repetición. Es importante que nosotros como sociedad empecemos a ubicar a qué elementos podemos darle continuidad, cómo vamos a continuar ciertos diálogos. En ese sentido hay dinámicas de reconocimiento de víctimas, de actores sociales, de actores políticos que tal vez no alcanzaron a entrar en ese primer ejercicio de la Comisión, pero que están dispuestos y atentos a darle continuidad a ciertas formas, digamos a fenómenos que empezaron a repuntar como repertorios violentos como la desaparición, que es un repertorio violento que ha continuado y ha avanzado y cada vez tiene más indicadores en la región. Son elementos que pensamos que la academia debe tomárselo en serio, profundizar, abrir investigaciones. Las entidades para la paz, las administraciones públicas, las alcaldías, las gobernaciones tienen que mirar esos fenómenos en detalle.

 

 

Finalmente, Óscar nos deja la siguiente reflexión:

Será importante seguir profundizando y seguir abriendo esas vetas interpretativas cada vez más, y creo que eso hace parte del ejercicio de construcción y transformación social.


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