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Vidas & Voces 2021-11-05 | Comentarios:

La lucha por el derecho a morir dignamente en Colombia. Entrevista a Adriana González

La lucha por el derecho a morir dignamente en Colombia. Entrevista a Adriana González

 

Por: Rubén Dario Pardo y Camila Morales

 

Buena Gente Periódico entrevistó a la abogada Adriana González Correa, defensora de derechos humanos y docente universitaria quien ha librado en los últimos años duras batallas en favor del derecho a la muerte digna en Colombia.

 

BuenaGente Periódico (BGP): ¿Qué es el derecho a la eutanasia? ¿Cuáles han sido tus luchas en este sentido?

Adriana González (AG): La eutanasia es un derecho que implica morir dignamente, se da en unas circunstancias específicas, tiene que mediar una enfermedad terminal o crónica para un paciente, es decir, que su diagnóstico en el caso de la enfermedad terminal indique que la muerte está ya muy cercana y en el caso de la enfermedad crónica, que sea una patología que no tiene cura y que implica gran sufrimiento para el paciente. Ese es el primer elemento. El segundo elemento a tener en cuenta es la voluntad del paciente, es decir, el paciente debe estar en uso de sus facultades mentales, libre de cualquier presión social o familiar que impida su libre y autónoma decisión.

 

Se induce la muerte a partir de un medicamento que se aplica para que el paciente muera en término de una a dos horas de una manera tranquila, evitando la carga de sufrimiento físico y mental que generalmente sienten los pacientes con enfermedades crónicas o terminales.  Se debe seguir un procedimiento legal según la Resolución del Ministerio, primero la 1216 de 2015 y luego la 977 de 2021. Se debe constituir un comité científico interdisciplinario, compuesto por un abogado(a), psicólogo(a) o psiquiatra y un médico especialista en la patología que padece el paciente y que, además, dice la resolución, no puede ser el médico tratante.

 

BGP: ¿Uno de esos casos que has acompañado fue particularmente sonado en la prensa, por qué lo decidieron hacer público?

AG: El primer caso que se dio en Colombia fue el que llevé con don Ovidio González, padre del caricaturista Matador, fue la primera eutanasia que se hizo legalmente en el país, el procedimiento se realizó en 2015. La muerte es un hecho familiar, es un dolor compartido, no es solo del o la paciente, sino también de la familia, entonces mi acompañamiento fue a don Ovidio y a su familia.  Hicimos una solicitud firmada por don Ovidio, una especie de derecho de petición para que se le practicara la eutanasia; él mismo decidió enviarla, además de mi recomendación que era entregarla a la EPS e IPS, al médico tratante, al médico especialista y al médico que le había practicado la única cirugía que se le podía realizar por el tipo de patología que tenía. Entonces don Ovidio, a falta de una o de dos que sugerí que se hiciera, presentó 5 solicitudes. La IPS autorizó, inicialmente el proceso se hizo en silencio, no se quiso presentar inicialmente en los medios de comunicación. Él decidió el día y la hora. Recuerdo que fue un viernes a las 2 p.m., ese día había partido de [fútbol] Colombia, creo que con Argentina, y llegando a la puerta de la clínica llamaron a informar que habían cancelado.

 

Tocó instaurar una acción de tutela para proteger el derecho a morir dignamente de don Ovidio y además acudimos a los medios de comunicación por tres cosas fundamentales: uno para mostrar la arbitrariedad de la cancelación de la eutanasia, don Ovidio era un paciente con cáncer de cara, con un hueco en el rostro que atravesaba el nervio trigémino, que es el de mayor sensibilidad en el cuerpo humano. A este tipo de cáncer le dicen el “dolor del suicida” porque mucha gente se quita la vida al no soportar el dolor. En segundo lugar, para socializar que ya se podían practicar la eutanasia en Colombia a cargo del sistema de salud. Y, en tercer término, para legitimar este derecho que apenas estaba naciendo en el país y hacer posible que la gente reconociera la eutanasia como se reconoce el derecho a la vida, la libertad, que se entienda que es un derecho fundamental. Por estas razones acudimos a los medios, don Ovidio accedió no solamente para ganar su derecho, sino también con el fin de abrir paso a sus compañeros de tragedia.

 

BGP: ¿Ha acompañado o asistido a otras personas que han solicitado la eutanasia?

AG: Sí, generalmente me llegan 2, 3 o 4 casos por año, la mayoría de estos pacientes mueren durante el tiempo del proceso, o sea, no alcanzamos a interponer una acción de tutela antes que el paciente muera de manera natural. En la mayoría de los casos la gente quiere seguir viviendo, pero ya cuando el dolor es superior a sus deseos de vivir, decide solicitar la eutanasia, entonces tampoco es cierto que haya ingentes solicitudes de eutanasias. Por ejemplo, en julio de este año, atendí una familia y al día siguiente que nos íbamos a ver para hacer la solicitud, el paciente se murió. Esto me pasa muchas veces.

 

BGP: ¿Podría recordarnos un poco algunas de las situaciones de salud de las personas que le han solicitado asistencia jurídica para la eutanasia?

AG: La mayoría son casos de cáncer muy avanzados. He llevado dos procesos de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Dos años después del caso de don Ovidio, en 2017, lleve un ELA en absoluto silencio, solamente supieron que era una eutanasia la esposa y la hija, el paciente no las autorizó a contarlo porque no quería tener interferencias ni intervenciones familiares. Esta es una enfermedad que ataca el sistema nervioso, se va perdiendo la movilidad muscular. Las personas empiezan por la imposibilidad de mover las manos, las piernas, permanecen quietos en una cama, en una silla de ruedas, después pierden la posibilidad de hablar. Llega un momento en el que los pulmones y el corazón dejan de funcionar. Un agravante es que las personas nunca pierden la consciencia ni la sensibilidad, sienten la fatiga de estar todo el día en una silla de ruedas, en una cama, los dolores que sufren son aterradores.

 

BGP: ¿Cuánto cobra por esta asistencia legal?

AG: Nada. En estas situaciones no me parece ético cobrar. La última decisión de la vida de una persona creo que no debe estar mediada por temas económicos. En mi visión de vida, en mi intensión como defensora de derechos humanos me parece que no es ético cobrar por ayudar a morir. Hay que hacerlo sobre la firme convicción de que estamos reivindicando un derecho fundamental. Generalmente, termino asumiendo costos de fotocopias y cosas de esas, pues muchas de las familias son personas de bajos recursos económicos. Una persona adinerada generalmente paga por un procedimiento rápido de eutanasia por fuera de los circuitos estrictamente institucionales. Al sistema público fundamentalmente llegan los trabajadores, las trabajadoras, los pensionados o los usuarios del sistema subsidiado. Bueno, es parte del trabajo y yo lo hago absolutamente convencida y feliz de que así debe ser.

 

BGP: ¿Está tratando en su tesis doctoral el tema de la eutanasia?

AG: Hice la Maestría en Ciudadanía y Derechos Humanos en la Universidad de Barcelona, en España. Tuve la posibilidad de continuar con el doctorado y entonces estoy trabajando en mi tesis doctoral el tema de la eutanasia.

 

BG: En todo este recorrido de defensa de los derechos humanos y en este trabajo específico de asistencia legal a pacientes que piden la eutanasia ¿Cuáles han sido las principales satisfacciones que ha tenido?

AG: Creo satisfactorio acompañar a las personas sin hacer juicios de valor, darles la seguridad de que están haciendo uso de un derecho humano y el saber que van a morir en paz. Con la experiencia de don Ovidio en la clínica, la noche antes de la práctica de la eutanasia, definitivamente entendí por qué le decían muerte digna, o sea, no es un eufemismo hablar de muerte digna, la condición de ese momento es dignidad. La muerte por ese tipo de patologías está acompañada de un dolor profundo para el paciente y la familia. Un tío mío, sufrió de cáncer gástrico, lo vi deteriorarse poco a poco, esa es una cosa desgarradora, todos los que hemos tenido familiares con cáncer o con una enfermedad crónica, podemos certificar el lamentable deterioro físico de esos cuerpos, entonces saber que la persona va a descansar y está tranquila, pues finalmente es una satisfacción enorme.

 

Desde el punto de vista profesional hay mucho crecimiento porque es aprender a tener una vida en la que todas las decisiones sean mediadas por la ética, pues equivocarse en algo como la eutanasia es fácil. Es un aprendizaje constante entender que la muerte es un hecho inexorable, que en ocasiones debe estar mediada por la compasión. Se requiere compasión para ser capaz de desprenderse del ser querido que está sufriendo, que él lo pide o ella lo pide. Es un acto de compasión y misericordia que a mí generalmente me da mucha satisfacción, me conmueve mucho. Siempre termino llorando en el silencio de mi oficina o de mi casa porque, como diría Kant, “Ponerse en los zapatos del otro”, nos genera eso, una compasión importante.

 

Fotos Fuente: Archivo personal Adriana González.


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