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Vidas & Voces 2016-12-27 | Comentarios:

“Lunero”, el poeta invisible de Calarcá

“Lunero”, el poeta invisible de Calarcá

Por: Néstor Jaime Ocampo Giraldo

(Colaboración Especial)

 

¿Dónde estará Lunero que hace rato que no lo veo? Varias veces escuché esa pregunta en los últimos días. Si, era cierto, nuestro amigo, Lunero, andaba “muy perdido”. Preocupado decidí ir a buscarlo a su casa, de la cual sólo sabía que se encontraba en el barrio Gaitán de Calarcá. Y como preguntando se llega, al acercarme al barrio pregunté en la primera tienda que ví: “Vecina… ¿sabe usted dónde puedo encontrar a un señor que llaman Lunero, que es poeta y maestro de obra?” La dueña de la tienda respondió con una sonrisa franca y alegre: “Ah sí, siga por esta calle derecho y pregunte por allá, al fondo, que cualquiera le indica”. Y así fue. A dos personas más pedí orientación y ambas sabían dónde encontrar a Lunero. Parece que este amigo, llamado alguna vez “el poeta invisible de Calarcá”, no es invisible o desconocido en su barrio. Sus vecinos saben bien quién es y qué hace. Y hasta parece que sienten cierto orgullo de que viva allí, entre ellos, en un barrio popular, una persona tan singular como Lunero.

Si hubiera preguntado por Orlando Torres García con seguridad nadie me habría dado razón de la persona que buscaba. Y es porque lo conocen más por su seudónimo de poeta, “Lunero Páez”, que por su nombre de pila. Y porque nadie, luego de conocerlo, lo olvida. Viste de una manera particular que lo hace parecer un duende. Su casa, construida por él mismo con mucho esfuerzo, está completamente decorada por su obra poética. Paredes, puertas, gabinetes y en la sala, la alcoba, la cocina o el sanitario, lucen textos de su obra poética. Aquello es impresionante, algo que no se olvida. Estamos ante un ser humano complejo, singular, exuberante. Un “agroconstructror-poeta”, como él mismo se denomina, constructor de casas, tecnólogo en obras civiles.

Orlando nació en la vereda La India, Filandia, hace 47 años, en una finca donde sus padres trabajaban como ´agregados´. Pero dice ser calarqueño porque allí hizo su vida.

Un día, cuando tenía once años y cursaba cuarto año de primaria, la maestra de la escuela entregó a cada niño de su salón un calendario ilustrado y les puso como tarea hacer una composición escrita sobre la imagen que había correspondido a cada uno. Lunero recuerda que el suyo tenía un niño zapatero. La maestra le calificó cero a su trabajo pues no le creyó que el escrito que presentó fuera de su autoría; dijo que, con seguridad, era copiado de alguna parte. A pesar del disgusto, al niño le quedó sonando eso de que su escrito era tan bueno que no podía ser suyo. Este incidente definió desde entonces su vocación de artesano de la palabra, pensó que si era bueno lo que había escrito debía seguir escribiendo.

Su obra poética ya alcanza cuatro publicaciones: “FUGACIONES” (1994), “DESVUELOS” (2002), “LABÉLULA” (2005) y, la razón de por qué andaba tan perdido, “ARDILODIOS” (2015). Por eso casi no salía de casa en los últimos meses, estaba ´encocao´ trabajando, puliendo su más reciente obra. Y es que se trata de una labor artesanal también muy singular, Lunero se recrea creando jitanjáforas (enunciados carentes de sentido que pretenden conseguir resultados eufónicos) e inventando palabras con partes de otras palabras, como quien construye casas con ladrillos de segunda. Labor de un maestro de obra.

Lunero genera controversias por su forma de vestir, por la actitud que asume frente a la vida y las demás personas, por sus posiciones ideológicas y políticas, por las características y calidad de su obra poética, por muchas cosas, pero en lo que todos estamos de acuerdo es en que, ante todo, Orlando es ´buena gente´.

 

 

  


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