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Paz & Reconciliación 2018-02-18 | Comentarios:

CAMINAR JUNTOS, ASÍ NO SEA DE LA MANO, PERO POR EL MISMO SENDERO

CAMINAR JUNTOS, ASÍ NO SEA DE LA MANO, PERO POR EL MISMO SENDERO

Por: María Leonor Morales Vasco

 

Buena Gente Periódico dialogó con uno de los últimos conferencistas que la Universidad del Quindío y el Sistema Universitario del Eje Cafetero – SUEJE invitaron, durante el segundo semestre de 2017, en el marco del Diplomado Escuela de Liderazgo para la Paz impartido en el alma mater, con una temática fundamental: poner a la población en sintonía con la construcción de paz y la reconciliación como acto ciudadano y político. 

 

Nuestro invitado nació hace 58 años en Puerto Berrío, en el seno de una familia campesina.  Sus padres, procedentes de Sopetrán, también en Antioquia, y del sur de Bolívar, como miles de campesinos en Colombia, fueron testigos y víctimas de las múltiples violencias que han caracterizado la historia colombiana.

 

Vivió y estudió en Puerto Berrío y en Honda – Tolima, donde se formó políticamente, fue activista de la Juventud Comunista y ante la imposibilidad de la expresión política por vías diferentes al bipartidismo, ante la muerte, desaparición, tortura de muchos militantes de fuerzas políticas diferentes a los dos partidos tradicionales, ante las condiciones socioeconómicas inequitativas que hacen de Colombia uno de los países más desiguales del mundo, ante la pobreza y la ausencia o inoperancia del Estado, él igual que miles de hombres y mujeres en Colombia, optó por la lucha armada como mecanismo de transformación de las estructuras sociopolíticas y económicas. En 1979, cuando contaba con 20 años de edad, decide ingresar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – FARC.

 

Hizo parte del equipo que durante algo más de cuatro años, en La Habana, discutió con los negociadores del Estado colombiano el fin del conflicto con ese grupo insurgente; proceso largo y difícil y del cual habrá mucho que aprender en el futuro cuando se conozcan sus pormenores.

 

Fue un proceso difícil porque lograr que fuerzas que por décadas fueron enemigas alcancen tal grado de confianza que les permita sentarse a la mesa y dialogar, no es asunto sencillo; fue un proceso complicado porque las aspiraciones de los equipos eran diametralmente opuestas, “el gobierno aspiraba simplemente a la rendición, que pagáramos años de cárcel y ya”, entonces la construcción de una agenda y la decisión sobre los cinco puntos del Acuerdo fueron de las cosas más complejas del proceso.

 

Félix Antonio Muñoz, insisten en llamarlo los medios de comunicación, todo originado en un equívoco, pues era uno de sus hermanos mayores quien se llamaba así.  Pastor Alape, que es su nombre de antes y de ahora, ha encabezado varios de los eventos de solicitud de perdón ante las víctimas que su organización ha realizado: ante las víctimas de La Chinita (en Urabá), Bojayá (en Chocó), el Club El Nogal (en Bogotá), los familiares de los Diputados del Valle del Cauca y en Granada (Antioquia). 

 

Todos ellos son actos muy emotivos en los que se evidencian dos cosas: “el primer momento es el de la catarsis, es descargar todas esas emociones duras, dolorosas, es soltar todo el dolor que se ha tenido y por supuesto también es recoger toda esa energía que tiene la gente guardada, que es la energía que tenía uno también cuando fue al conflicto, pues uno también comprende: los familiares muertos […] la misma rabia que uno manifestó con un fusil en la mano, la gente la está manifestando en otro escenario, ya en el ámbito de construir la paz […]; cuando uno ve a las víctimas soltando todo su dolor se le vienen todas las imágenes de los familiares y los compañeros y compañeras de uno que nunca pudieron, ni siquiera tener ese espacio de manifestarle al que les hizo daño ese mismo dolor, […] cuando en Bojayá yo veía esas mujeres negras […] era como el reflejo de mi madre, una mujer negra también llorando por sus hijos, que murió y nunca pudo saber dónde habían quedado desaparecidos; cómo sería de feliz mi mamá que pudiera, los que asesinaron a mis hermanos decirle: mire señora, nosotros cometimos ese error pero sus restos están enterrados […]”.  

 

Pastor Alape considera que el país tiene en frente cuatro grandes retos para la consolidación de la paz: conocer la verdad de lo que ocurrió durante estos años, la verdad histórica pero también la verdad judicial; asegurarse de que la justicia opere para resarcir a todas las víctimas; garantizar condiciones socioeconómicas para que los colombianos tengamos una vida digna y “que la gente sienta en su piel la paz, si no la siente no va a pelear”, es necesario que las personas vean que sus condiciones de vida diaria mejoran por cuenta de las discusiones que se están dando alrededor del proceso de paz; y aprender a reconocer y respetar las diferencias, esto es a generar el debate en torno a lo que cada quien considera como lo deseable para las regiones y para el país, “en ese debate tenemos visiones diferentes, pero vamos a encontrar un punto […] y ese escenario es el que nos lleva a la reconciliación […] un debate que no nos obliga a enfrentarnos violentamente”; al final lo que tendremos es que caminaremos juntos, tal vez no cogidos de la mano, pero sí por el mismo sendero.

 

Sin importar si se comulga o no con sus planteos políticos, es indudable que los cuatro retos son insoslayables si los colombianos queremos sentar las bases de una sociedad distinta, donde quepamos todos, donde “ya no seamos enemigos sino contradictores” y esa será nuestra tarea en las décadas que vienen.

 

 

En www.altocomisionadoparalapaz.gov.co podrán hallar información sobre el proceso, el Acuerdo Final, los desarrollos legislativos ulteriores y otros pormenores.


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