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Paz & Reconciliación 2017-09-24 | Comentarios:

Andar 'La Montañita': Crónica de la visita a una Zona Veredal Transitoria de Normalización.

Andar 'La Montañita': Crónica de la visita a una Zona Veredal Transitoria de Normalización.

Por: Yury Marcela Rodríguez Arroyo

 

Pocos días antes de entrar en vigencia los Espacios Territoriales de Capacitación y  Reincorporación para excombatientes de las FARC - EP, BuenaGente Periódico viajó al municipio de La Montañita en el departamento del Caquetá

 

Conocer una de las 23 Zonas Veredales Transitorias de Normalización (ZVTN) que existieron en 12 de los 32 departamentos de Colombia es toda una experiencia, particularmente en el Caquetá, tierra que me vio crecer, donde era común escuchar los helicópteros de las Fuerzas Armadas de Colombia -o quizás norteamericanas- sobrevolar el territorio a cualquier hora del día, incluso al anochecer, en dinámicas de la guerra que ahora intentamos dejar atrás.

 

Aún recuerdo en medio del indolente calor y del silencio de las calles la angustia de la gente cada vez que, durante días o semanas, el departamento se quedaba sin servicio de energía eléctrica debido a atentados perpetrados por grupos armados al margen de la ley. Era también pan de cada día escuchar noticias sobre hostigamientos y tomas a los municipios caqueteños; permanecen en mi memoria nombres como Cartagena del Chairá, El Paujil, San Vicente del Caguán, El Doncello o Puerto Rico.

 

 

Intentando entender, como colombiana de a pie, la actual coyuntura del proceso de paz con las FARC, hace pocas semanas me desplacé hasta la Zona Veredal Transitoria de Normalización Héctor Ramírez, ubicada en la vereda Agua Bonita, jurisdicción del municipio de La Montañita y quiero compartir con ustedes mis sensaciones sobre esta interesante experiencia.

 

El recibimiento

La zona veredal, hoy Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación, está ubicada a 50 minutos en automóvil de Florencia, capital del departamento. Allí se encuentran cerca de 270 excombatientes de las FARC - EP, en una extensión aproximada de cuatro hectáreas. Lo primero que me encontré en el camino que conduce a la zona veredal fue con un puesto de control del Ejército, encargado de vigilar el ingreso y salida de personas del lugar. A unos 2 kilómetros se estaba el puesto de la ONU, en donde habían aproximadamente 60 personas encargadas del monitoreo y verificación del proceso de paz. Poco después llegué al primer campamento, donde me recibió Camilo, uno de los comandantes responsables y con quien establecí contacto para mi ingreso y permanencia. El recibimiento fue amable y respetuoso y, hay que reconocerlo, me atendieron con un suculento almuerzo de fríjoles cocidos a fuego de leña.

 

 

El recorrido

Esa lluviosa mañana de lunes conocí a Yurluey Mendoza, o ‘la Mona’ como a veces la llaman, mujer de botas pantaneras, dotada de un trípode y cámara fotográfica terciada, pues es integrante del grupo de comunicaciones de la zona veredal. Con una sonrisa genuina me contó generalidades acerca de cómo se inició en la vida guerrillera y sus expectativas de cara al futuro, pero su historia es tan intensa que prometió contármela con mayor detalle en otra oportunidad. Gentilmente Yurluey  me acompañó en el recorrido por la ZVTN.

 

Desde el primer momento constaté el retraso en la construcción de la infraestructura que el Gobierno Nacional se comprometió a realizar en el marco de los acuerdos de paz. Las y los exguerrilleros se encuentran durmiendo en carpas de lona, en un terreno que adecuaron desde el 19 de febrero cuando llegaron a este lugar con sus perros, loros, gallinas y todo aquello que sirviera para su estadía. Desyerbaron el terreno; destinaron un lugar para recibir a los visitantes, incluyendo por supuesto a sus familiares más cercanos; construyeron tiendas y comedores temporales; habilitaron un espacio para atender las brigadas médicas y equiparon un cuarto con insumos de panadería donde ofrecen capacitación constante a sus integrantes. Treinta miembros de las FARC trabajaron intensamente en la construcción de la infraestructura existente.

 

 

Bajo el apremiante sol recorrimos la Zona Veredal, las humildes viviendas constan de 5 habitaciones, un baño, un pequeño corredor y la zona de lavado, en donde Yurluey dice se ubican cerca de 5 familias. También se han construido grandes cocinas en cada una de las cuales los comensales suman 50 personas. Además existen zonas comunes y huertas comunitarias.  No vi la construcción de aulas en las que se puedan realizar los procesos formativos de los actuales espacios territoriales de capacitación, para el estímulo de “habilidades en el manejo de mecatrónica, electrónica, el área de la salud o elaborando pan”, tal cual lo manifiesta ‘Camilo Casi Cura’ como cariñosamente es llamado el excomandante guerrillero.

 

Sus aspiraciones

El desarme y reincorporación de los ex guerrilleros de las FARC a la vida civil representa el hecho de paz más importante de las últimas décadas en Colombia.  Como en otras zonas veredales distribuidas a lo largo y ancho de la geografía nacional, en esta se han realizado actividades de pedagogía para la paz desde una perspectiva esperanzadora, que en ningún momento significa renunciar a sus reivindicaciones políticas y sociales, sino adoptar la palabra como la única manera posible de construir con los otros un nuevo país.

 

 

Esa construcción de paz atraviesa las aspiraciones y anhelos de todos los ciudadanos y a esa tarea debemos abocarnos. Daniela Leal, quien se encarga del censo socioeconómico de la zona, nos compartió su visión de futuro: “aspiro a terminar mis estudios y estar en la cima, pero eso no lo es todo, lo que más anhelo es la implementación de todo el paquete de acuerdos que se hizo en La Habana, porque no podría conformarme sólo con que nos cumplan a nosotros sino que le cumplan al pueblo”.

 

Yurluey Mendoza al respecto dice: “mi lucha, nuestra lucha como mujeres, es una oportunidad para reclamar lo que nos pertenece y lo que merecemos, aquí hemos logrado el derecho a la participación y a la igualdad; los trabajos son integrales y tanto hombres como mujeres tenemos las mismas obligaciones y estamos en las mismas condiciones; aquí aprendí a valorarme como mujer; mi anhelo es que cada mujer se valore sólo por el hecho de serlo”.

 

 

Terminé mi visita hacia las 5 de la tarde. Conocí historias y miradas de la vida y el país distintas a las que por años me presentaron los medios masivos de comunicación. Historias protagonizadas por hombres y mujeres también víctimas de múltiples violencias, que narran la guerra desde otra perspectiva y que ahora contribuyen a escribir episodios de paz. Espero vivamente conocer a profundidad esas otras historias y los nuevos proyectos de vida cuando vuelva a La Montañita, lugar mágico donde los sonidos de la selva reflejan la paz que, no obstante la adversidad, se abre paso en este tiempo… nuestro tiempo.

 

Agradezco a cada una de las personas que hicieron posible esta visita. Ahora tengo una mayor certeza de que Colombia puede dejar la guerra en el pasado. La visita a la zona veredal de La Montañita me permitió entender que para consolidar la paz en nuestro país debemos hacer un gran esfuerzo por conocernos, un simple café con quien piensa diferente nos permitirá descubrir que de verdad es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. 

 

Fotos: Katerine Vargas Mejia y Yury Marcela Rodríguez Arroyo.

 


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