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Paz & Reconciliación 2017-08-14 | Comentarios:

Diálogo y Reconciliación. El aporte a la paz de las Madres de La Candelaria de Medellín

Diálogo y Reconciliación. El aporte a la paz de las Madres de La Candelaria de Medellín

De izquierda a derecha: Maria Dolores Londoño y Teresita Gaviria, directivas de la Asociación Caminos de Esperanza Madres de la Candelaria. Cortesía Umbra Agencia Audiovisual y Educar Consumidores.

Por: Jose Luis Rivera García

 

Las Madres de La Candelaria de Medellín nacen en marzo de 1999 como reacción al pasmoso silencio institucional y social en torno a la desaparición forzada de cientos de personas en las dinámicas de la guerra nacional, expresadas en el departamento de Antioquia. Se inspiraron en el ejemplo de las Madres de Plaza de Mayo de Argentina y como ellas también estas valientes mujeres paisas vivieron contradicciones internas que las llevaron a dividirse en el año 2003, dando lugar a la Corporación Madres de La Candelaria - Línea Fundadora y a la Asociación Caminos de Esperanza - Madres de La Candelaria, ambas ramas de un mismo árbol de resistencia y dignidad que merecen todo el reconocimiento y admiración de la sociedad colombiana y mundial.

 

La Asociación Caminos de Esperanza Madres de La Candelaria ha recibido importantes reconocimientos nacionales e internacionales por sus esfuerzos en la visibilización del fenómeno de la desaparición forzada y la defensa de los derechos humanos. Tras 18 años de lucha por la verdad han podido recuperar 110 cuerpos de personas reportadas como desaparecidas. Para su presidente, Teresita Gaviria, son “110 hogares que ya no están pasando por esta incertidumbre” pues cuando no conocemos el paradero y la suerte de un familiar o amigo “las noches son fantasmales…son volver a ver como películas la desaparición de nuestros seres queridos”.

 

 

También afirma que el conflicto armado se ha ensañado con los inocentes. Desde su calidad de víctima y sobreviviente que ha debido soportar el asesinato de varios de sus familiares y la desaparición forzada de su hijo en 1998, Teresita cree firmemente en que promoviendo la reconciliación y el diálogo se puede superar el conflicto, sin olvido, y buscar la paz. Después de sentarse cara a cara con varios de los ejecutores de los crímenes que las victimizaron, estas valientes madres entendieron el valor del perdón. Para Teresita Gaviria una de las tareas de las Madres de La Candelaria hoy consiste en dedicarse a “buscar acercamiento a ellos para suscitar perdón y reconciliación”.

 

Por su parte María Dolores Londoño, vicepresidente de la Asociación, reivindica el valor de los supervivientes, “no me gusta el nombre ni de víctima ni de victimario, somos todos sobrevivientes de la violencia”. Y es que las Madres se han propuesto el nada fácil reto de escuchar a quienes les han hecho daño, se han reunido en cárceles con ex paramilitares y ex guerrilleros para que cuenten su propia historia. “Detrás de cada paramilitar o guerrillero hay un ser humano como nosotros, no somos quien para juzgar a la ligera, sin saber por qué estas personas comenzaron a hacer tanto daño, hay que escuchar y saber comprender”, afirma María Dolores con convicción.

 

“Comenzamos a buscar en las cárceles, no buscando la reconciliación y el perdón, sino buscando la verdad (…) entre nosotras los tratábamos como lo peor que había, un día hubo más confianza, en la cárcel de máxima seguridad de Itagüí nos sentamos a conversar con ellos. Al dialogar con ellos y estar juntos y escucharnos el uno al otro, nos dimos cuenta que eran unos seres humanos iguales que nosotros, que nos hicieron mucho daño y terminaron con nuestras familias, pero aprendimos a comprenderlos (…) allá hicimos otra familia, estudiamos con ellos pedagogía para la paz, hicimos una amistad muy diferente a la que pensábamos íbamos a encontrar (…) Nos pidieron perdón de una manera en que sentimos que era cierto, creímos que sintieron el dolor también y con algunos de ellos hoy andamos las universidades y los colegios” narra María Dolores.

 

El camino hasta ahora transitado no ha sido fácil, no sólo han soportado las consecuencias de la guerra, las agresiones y las amenazas de personas que se oponen a la verdad, sino que han sabido, de corazón, tomar distancia de los deseos de venganza. “Un señor decía que si le hubiera pasado lo que a las Madres él no hubiera reconciliado, los buscaba para matarlos, pero así ¿de qué paz estamos hablando? Esas maneras no se llaman paz, se llaman fortalecimiento de ira y de rencor” recalca Teresita con vehemencia.

 

 

María Dolores se enorgullece al expresar que el hacer parte de Madres de La Candelaria es como pertenecer a una familia. “Adopté hijos sobrevivientes de la guerra- en la cárcel-, uno anda conmigo en las universidades y colegios dando testimonio en charlas de lo que fue y cómo ha cambiado. Vivo feliz, ruego por vivir más, para seguir conversando sobre tanto rencor y odio que tiene la gente, eso que no sirve de nada.”

 

Para la misma María Dolores no es posible encontrar paz cuando se retienen odios “la paz la tenemos cada uno si no tenemos odio en el corazón”, dice con la certeza propia de quien ha vivido las tragedias de la guerra. Se reconocen ambas como sobrevivientes de la guerra que han aprendido a no alimentar el odio y a no despertar lástima, se esfuerzan por ser ejemplo de autodeterminación y fortaleza.

 

Su asociación convoca a mujeres y hombres cuyos familiares han sido asesinados o que son víctimas del secuestro o la desaparición forzada; enfatizan en que la escucha del dolor, tal como se expresa, es una tarea inaplazable si se le quiere transformar en esperanza y en motivos para luchar por la paz. “Cuando llegué a las Madres de La Candelaria no tenía ganas de vivir, pero encontré un hombro dónde llorar. Teresita, aunque no tiene la edad mía, es como la mamá de todas nosotras”, expresa María Dolores.

 

 

En la Asociación se concede especial importancia al escuchar a las mujeres y hombres que allí acuden para que en un respetuoso acto de catarsis expresen su dolor. Cuentan con un equipo de profesionales en Psicología, Derecho y Trabajo Social (algunos de ellos estudiantes universitarios en pasantía) que acompañan el tránsito del estupor a la esperanza, lo cual es posible a través del apoyo mutuo.

 

“Les brindamos acompañamiento a otras mujeres que vienen peor que yo, unas que tuvimos que recoger en las calles porque se tapaban con cartones, unas que perdieron la voz cuando vieron matar sus hijos (…) todos estos hijos que se le perdieron a estas mujeres son mis nietos y ellas están ocupando hoy un lugar especial en mi corazón”, afirma Teresita con algún brillo nostálgico en sus ojos pero sin vacilación en la voz.

 

Fotos galeria de imagenes: Carolina Gallego y Grupo de Investigación en Noviolencia, Paz y Desarrollo Humano de la Universidad del Quindío.


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