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Colombia Posible 2018-12-06 | Comentarios:

La lucha estudiantil por la defensa de la educación pública

La lucha estudiantil por la defensa de la educación pública

Por: Rubén Darío Pardo Santamaría

 

Las experiencias de este viaje han sido duras, tristes y magníficas. Ha hecho mucho calor pero ahí vamos, lo importante es ponernos la mano en el corazón y pensar en la lucha por el país, por nuestros derechos y seguir adelante a pesar del calor, la picada de los zancudos, las ampollas y la deshidratación. ¡Fortaleza y fuerza para todos! (María Fernanda Tovar, estudiante de Trabajo Social de la Universidad del Quindío)

 

Desde hace más de un mes estudiantes de la mayor parte de las 32 universidades públicas de Colombia se declararon en paro, por el déficit estructural que desde los años 90 sufre la educación superior en el país. Como mecanismo de presión los estudiantes han realizado numerosas marchas pacíficas y creativas, han persistido en el cese de actividades académicas e incluso han acudido a la huelga de hambre y al emprendimiento de quijotescas travesías a pie, que desde distintas regiones los han conducido a la ciudad de Bogotá. Al tiempo, los representantes estudiantiles han entrado en negociaciones con el gobierno nacional a través del Ministerio de Educación. Hasta el momento no se han alcanzado acuerdos en los puntos fundamentales reivindicados por el movimiento estudiantil, que buscan mecanismos de financiación de la educación pública que garanticen una universidad gratuita y de calidad.

 

Caminando hasta Bogotá

 

Buena Gente Periódico acompañó a los marchantes, o ‘estudiantes gladiadores’ como se les ha llamado en redes sociales, que partieron del suroccidente del país con el propósito de ser protagonistas de la toma de Bogotá realizada pacíficamente el día 28 de noviembre. En el grupo de 110 que salieron de la Universidad del Cauca participaron tres de sus profesores, que con coraje emprendieron camino el pasado 15 de noviembre; hicieron jornadas durísimas de 35 o 40 kilómetros para llegar de una ciudad a otra. Casi siempre se hospedaron en universidades públicas donde recogían a otros estudiantes que ampliaban el conjunto de caminantes. Así, después de salir del Cauca hicieron estaciones en Cali, Tuluá, Armenia, Cajamarca, Ibagué, Girardot, Fusagasugá y finalmente Bogotá a donde el pasado 27 de noviembre llegó un grupo de 300 caminantes de las universidades del Cauca, del Valle, Nacional de Colombia (sedes Tuluá y Manizales), del Quindío, de Caldas, Tecnológica de Pereira y Universidad de Cundinamarca. También desde regiones como Caquetá, los santanderes y Antioquia, nutridos grupos de caminantes de universidades públicas llegaron a la capital del país.

 

 

Dificultades de la marcha

 

Ciertamente armonizar ritmos, genios y necesidades de cientos de personas que hasta ahora se encuentran no es tarea fácil. Sin duda una de las mayores dificultades fueron las condiciones de hospedaje, todos dormían en el piso, muchos sólo sobre plásticos. El desayuno y la cena ofrecidos por los anfitriones de turno eran los únicos platos calientes, un enlatado con galleta constituía el almuerzo consumido en medio de los afanes de la marcha.

 

 

“Todos hemos pasado por problemas en los pies, ampollas, muchos hemos pasado por problemas de fatiga muscular, esguinces, ha habido chicos que hemos tenido que mandar a los hospitales de los distintos sitios, entenderán pues la dureza del camino. A pesar de ello los chicos están muy motivados, si bien algunos tienen dificultades para caminar no quieren dejar el proceso, quieren seguir, entonces tratamos de asignarles otras tareas, se les envía adelante en carro cuando ya no pueden más para que ayuden a organizar la logística en los sitios de llegada”, comenta Luis Alfredo López Quinayas, profesor del departamento de Educación y Pedagogía de la Universidad del Cauca.

 

En la foto: Luis Alfredo López Quinayas, profesor del departamento de Educación y Pedagogía de la Universidad del Cauca.

 

Un nutrido grupo de mujeres estudiantes hacen parte de los marchantes, varias de ellas dedicadas a tareas de cuidado como la atención en salud a los integrantes del grupo, por lo cual su faena no termina con la llegada de la marcha a la ciudad de destino.

 

“Más que todo el calor, ayer tuve una deshidratación, me tuvieron que aplicar suero porque el calor es insoportable, caminar así es muy duro”, comenta María Fernanda Tovar.

 

Por su parte, para Martín Chepe Castro, estudiante de 8° semestre de la Licenciatura en Lenguas Modernas de la Universidad del Cauca y quien hace parte del Cabildo Indígena Universitario y de la Red Nacional de Cabildos Indígenas, entre las principales dificultades que han debido afrontar está el que “nos hemos retrasado un poco por el clima; ha sido difícil coordinar con tantas personas cosas como reglas y comportamientos. El poco sueño, las ampollas, un día nos tocó caminar bajo la lluvia y eso nos dañó bastante los pies.”

 

En la foto: Matin Chepe Castro estudiante de Licenciatura en Lenguas Modernas de la Universidad del Cauca

 

Satisfacciones

 

Son profundas las convicciones que llevaron a estos aguerridos caminantes a superar las dificultades propias de la marcha hasta Bogotá. El carácter justo e inaplazable de su causa ha favorecido la convivencia entre estudiantes de diversas universidades y regiones: “se perdieron los límites entre las 8 universidades en el sentido de que yo soy de la de Caldas, Quindío, Valle o Cauca. Todos están integrados, es de felicitar a los muchachos porque en verdad son muy verracos”, dice el profesor López Quinayas de la Universidad del Cauca.

 

“Es muy satisfactorio cuando se llega a una universidad y los estudiantes nos reciben con aplausos, es muy satisfactorio cuando se pasa por las avenidas y los camioneros y la gente empiezan a pitar, a decir: ¡fuerza muchachos, lo que están haciendo es sorprendente! Lo que escribe la gente en redes sociales es motivante. Llena de satisfacción saber que lo que estamos haciendo es por un bien común del pueblo”,  afirma Camilo Escobar, estudiante de Antropología de la Universidad de Caldas.

 

En la foto: Camilo Escobar, estudiante de Antropología de la Universidad de Caldas.

 

“La principal satisfacción es ver que somos un movimiento estudiantil unido, las universidades a las que hemos llegado nos han recibido muy bien, la motivación de nosotros es una educación pública, gratuita y de calidad, sabemos que dinero sí hay y vamos a seguir presionando al gobierno para que nos dé lo que necesitamos las universidades públicas”, comenta Valentina Velasco, estudiante de Biología de la Universidad del Quindío.

 

Los perros caminantes

En el Quindío se unieron a los marchantes Bruno y Caminante (o el Mono), dos valientes perros que llevaron al grupo dosis importantes de motivación e inspiración. Los ‘peluditos’  padecieron con los estudiantes las inclemencias del clima y las enormes distancias, también disfrutaron de la satisfacción del deber cumplido, antes de regresar a su tierra desde Girardot en compañía de dos profesores de la Universidad del Quindío. “Ladrando también se está luchando” dicen los estudiantes.  

 

Sobre los cuidados especiales que los marchantes tuvieron con los cuadrúpedos, nos comenta Camilo Escobar de la Universidad de Caldas:

 

 

“Con nosotros vienen dos perritos, el uno es de la Universidad del Quindío, que al parecer se la lleva muy bien con sus muchachos y no pudo aguantarse no salir  y arrancó con nosotros y el otro es Mono que en Calarcá nos vio y le caímos bien y arrancó también con nosotros. Han sido unos verraquitos, son muy juiciosos, no se hacen popó adentro, la verdad da mucha moral verlos y generan ternura y esa ternura sirve cuando uno está cansado y los perritos acompañándolo a uno también motivan bastante. Hemos tenido cuidados especiales con ellos porque no se pueden cuidar solos y uno de los dos es bastante viejito, lo cual es admirable porque a pesar de ser viejito  tiene mucho perrenque. Los cuidados han sido todas las noches al llegar a la universidad donde dormiremos, se les hace una revisión general por parte de un veterinario y si no hay veterinario, por parte de los que ya hemos estado presentes en las revisiones y que ya tenemos un poco de experiencia, se les  trata para evitar las irritaciones, también se les aplican vitaminas para caminar  y se les está dando suero oral.”

 

Para Maira Cárdenas, estudiante de Licenciatura en Literatura de la Universidad del  Valle, “la presencia de los perros da ánimo para seguir caminando, cuando vamos en carros los llevamos. Han sido atendidos en el ámbito de salud y acogidos por todos los estudiantes. Buscamos alimentos para ellos, los cuidamos porque es gratificante tener la compañía de los animales a nuestro lado. Es fundamental que entendamos esto como la marcha pacífica que estamos haciendo, es que estamos en paz con todos, eso es lo que pretendemos nosotros.”

 

 

Policía colaborativa

 

Buena Gente Periódico fue testigo del importante apoyo prestado por agentes de la Policía Nacional, en acciones concretas como intermediar para que algunos camioneros llevaran a estudiantes  con dificultades de salud o cuando entrada la noche grupos de caminantes estaban bastante rezagados.  Vehículos de la Policía se dispusieron en algunas ocasiones para este propósito, incluso Bruno y Caminante fueron beneficiarios del apoyo policial y se transportaron en sus vehículos en algunos trayectos.

   

El carácter pedagógico de la marcha

 

La lucha por la defensa de la educación pública, y concretamente la marcha hacia Bogotá, se ha configurado como una posibilidad para explicar al pueblo colombiano la esencia de las reivindicaciones del movimiento. También ha sido un espacio de aprendizaje para los estudiantes tal como lo señala el  profesor López Quinayas:

 

“Es caminando como uno se da cuenta de cómo está el país, con los chicos se hace clase itinerante, esta es la mejor clase que se puede hacer, al chico no le tengo que decir “imagina cierto  pueblo” sino “mira el pueblo”, “mira la situación del país”, la estamos mirando con ellos, con los pies ampollados, con el dolor del cuerpo que a veces uno ya no aguanta. Estamos en un momento en que peleamos detrás de las pantallas del celular, del computador, nos indignamos desde allá pero la indignación tiene que ser más viva, más real”.


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