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2018-01-25 | Comentarios:

Defensa del territorio y configuración regional: una tarea de la gente

Defensa del territorio y configuración regional: una tarea de la gente

Por: Jose Luis Rivera García

 

“Ninguna decisión sobre la gente, sin la gente” fue la frase redonda que puede resumir la idea principal de la conferencia ‘Defensa del Territorio y Configuración Regional’ orientada por Carlos Alberto Benavides Mora, doctor en Antropología de la Universidad Autónoma Metropolitana de México.

 

El evento tuvo lugar el pasado 12 de enero,  en la sala de conferencias de la Casa de la Cultura de Calarcá - Quindío y la convocatoria fue realizada por los miembros de la Asamblea Ciudadana de este municipio, la cual promueve la realización de una Consulta Popular “informada y concertada” relativa a la explotación minera.  Cerca de cincuenta (50) personas de todos los puntos cardinales del departamento del Quindío acudieron para escuchar, formular inquietudes y plantear alternativas alrededor de la noción de territorio, sus dimensiones, problemáticas y dinámicas. Se hicieron llamados para revalorar y promover mejores alternativas locales de gestión del territorio, así como a elevar el debate dentro de la coyuntura electoral.

 

 

En el evento se concluyó que el territorio se defiende conociendo la manera multidimensional e interrelacional como se configura, impulsando propuestas concretas y viables para su construcción y transformación, por lo que no se trata de una suerte de conservadurismo ambiental a ultranza, sino de nuevas formas de vivir en sociedad inspiradas, por ejemplo, en el Buen Vivir.

 

Buena Gente Periódico habló con el Dr. Benavides Mora:

 

En el contexto nacional, parece que predomina una visión de los territorios como sitios para la explotación de recursos naturales y desarrollo económico ¿Cómo entender el territorio? y ¿Qué implicaciones tiene desconocer las distintas dimensiones que para usted constituyen el mismo?

 

Carlos A. Benavides M.: El territorio tenemos que entenderlo como un proceso de construcción histórica, de relaciones entre la sociedad y la naturaleza y sus distintas dimensiones: la dimensión territorial, la cultural, la política y la económica. Llamamos la atención sobre el hecho de que la política pública hoy está construida o se orienta, cuando piensa en el territorio, sobre la dimensión física o la dimensión económica, dejando de lado tanto el proceso histórico de relación humana - natural, como las otras dimensiones y al hacerlo disloca la vida.

 

¿Cómo entender que abstenerse desde los territorios a hacer o permitir actividades económicas como la gran minería de metales o hidrocarburos y como la agro-exportación de cultivos foráneos, no genera cierto tipo de atraso?

 

C.B: Sí se disloca la vida, si sólo le ponemos énfasis a lo económico, a lo que podemos sacar, a lo que podemos vender, así lo que estamos haciendo es dejando de lado las otras dimensiones de la vida. Eso puede generar un crecimiento económico que generalmente no es distribuido entre la gente, el crecimiento se va a otros lugares, ese crecimiento no se va a quedar en el territorio. Incluso, si se invirtiera solo en el territorio, que no pasa, porque la lógica es sacar, sacar y sacar… el mundo ambiental y el mundo cultural que han permitido que existan esas riquezas allí, pues van a terminar limitándose y cambiando las condiciones de vida. Una gran minería extensiva en un territorio acaba con el agua, con las formas de producción propias de la gente y a mediano plazo esos efectos se van a ver y va a dejar de existir minería y, no sólo ella, sino el agua y las producciones que había allí, entonces va a generar un atraso estructural, que es lo que nos ha pasado en Colombia. Nosotros tenemos una economía extractiva hace cien años e igual nuestras condiciones de atraso se mantienen, no hay una riqueza territorial ni hay una región próspera en Colombia que pueda decir –No, después de cien años de explotación petrolera nuestras condiciones de vida han cambiado. Si vamos a Arauca o vamos al Putumayo, vemos exactamente lo contrario.

 

*Extracto de la presentación del Dr. Benavides

 

¿Cuáles son las alternativas ante estas perspectivas que sólo ven una dimensión del territorio?

 

C.B: Justamente que reconozcan el valor de los conocimientos, de los valores y de la experiencia de la vida de la gente. Cuando decimos “ninguna decisión sobre la gente, sin la gente” estamos llamando la atención de la necesidad de involucrar a la gente, no en un taller para que firmen una lista, sino que esas experiencias de vida de la gente se pongan en relación directa con lo que se propone hacer en ese territorio. Así, muchos de los costos externos de procesos de intervención del territorio rebajarían, pero no sólo eso, se involucraría a la comunidad y se cuidaría el territorio. Incluso, se involucraría una sociedad distinta poblando ese territorio, esos lugares de vida deben convertirse en ecosistemas esenciales en Colombia.

 

En Pijao se llevó a cabo una consulta y hay un movimiento que toma fuerza llamado Pijao Cittá Slow ¿Ese podría considerarse  ejemplo de alternativas?

 

C.B.: Claro que sí, la consulta de Pijao, además hubo un momento de preocupación porque había tensiones, como están habiendo hoy con la consulta de Córdoba (Quindío). Ese es un ejemplo muy bueno y ahora de lo que se trata es de potenciarlo, más allá de si el resultado fue estrecho o no, porque esa es una manifestación electoral, ahora esa manifestación electoral lo que tiene que permitir es construir las relaciones que le den solidez a la decisión tomada en las urnas. La solidez es construir comités de la vida y creo que hacia allá se dirige el esfuerzo que se está desarrollando en Pijao.

 

 

¿Cuál es la utopía hoy?

C.B.: La utopía hoy es que podamos tener ecosistemas esenciales que nos permitan configurar formas de vida en donde solucionemos las necesidades de la gente, las necesidades de sobrevivencia, pero donde también se tenga en cuenta los intereses de la vida de la gente, desde el trabajo, la formación, que logremos aprender y cuidarnos en el territorio…que podamos disfrutar de nuestros deseos, de lo que nos hace felices, de lo que nos hace estéticamente posibles. Eso lo podemos hacer si maduramos una relación humana – social – natural, en donde converjan esas necesidades, esos intereses y esos deseos.



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